Estás embarazada. Te levantas de la cama y, al girarte, notas un pinchazo en la pelvis o en el glúteo. Caminar ya no resulta tan fácil. Dormir del tirón tampoco. Y casi siempre escuchas la misma frase: “es normal, estás embarazada”.
Pero no. Que sea frecuente no significa que sea normal. Y, sobre todo, no tienes por qué vivir con dolor.
Durante el embarazo, una de las causas más frecuentes de dolor en la pelvis, el glúteo o la zona lumbar baja es la inflamación de la articulación sacroilíaca, conocida como sacroileítis. Esta articulación une la columna lumbar con la pelvis y cumple un papel clave en la estabilidad del cuerpo cuando caminamos, nos sentamos o cambiamos de postura.
En esta etapa aumenta la producción de relaxina, una hormona imprescindible para preparar el cuerpo para el parto. Su función es aumentar la elasticidad de los ligamentos. El problema aparece cuando esa laxitud genera un exceso de movimiento en articulaciones que deberían ser más estables. En el caso de la articulación sacroilíaca, este aumento de movilidad puede provocar inestabilidad pélvica, y con ella, dolor al someter la zona a cargas o movimientos repetidos.
Muchas mujeres describen sensaciones como:
“dolor profundo en la pelvis”,
“molestias en el glúteo que a veces se irradian hacia la zona lumbar o la pierna”,
“empeora al caminar, subir escaleras o girarme en la cama”.
Si te reconoces en estas frases, no es casualidad.
La sacroileítis en el embarazo no es solo una cuestión de dolor. Es, sobre todo, un problema de estabilidad y control del movimiento. Y es ahí donde la fisioterapia especializada en embarazo y suelo pélvico juega un papel fundamental.
La buena noticia es que el cuerpo tiene una enorme capacidad de adaptación cuando recibe el estímulo adecuado. Con una valoración individualizada, ejercicio terapéutico adaptado al embarazo y un abordaje respetuoso, es posible reducir el dolor, mejorar la estabilidad pélvica y recuperar seguridad en el movimiento.
Por eso, la sacroileítis en el embarazo es algo que no deberíamos normalizar. Con el acompañamiento adecuado, el cuerpo puede volver a sentirse estable, reducir el dolor y moverse con mayor confianza. Escuchar tu cuerpo y pedir ayuda también es una forma de cuidarte.
– Equipo REvida –



